junio 27, 2017

Ídolo de las 9 y 30



Hace unas mañanas subí a uno de esos taxis citadinos, con uno de esos choferes que no responden los buenos días e ignoran que el pasajero es, antes que mercancía, un ser humano.
Un chofer salido del molde pedestre: de esos que aceleran por entre los carros para impresionar a las muchachas lindas que montan; de esos que cobran el viaje al doble de su valor; de los que devuelven una moneda de tres pesos en lugar de un CUC; de los que alimentan el ruido urbano con bocinas que saturan la baja frecuencia.