mayo 22, 2016

Respondiedo al colega Rey Montalvo sobre Cubadisco, las disquras y el mercado cubano

Por Yolo Bonilla (trovador cubano)

Saludos Rey. Me complace mucho tu artículo, aunque creo que trata varios temas diferentes que no están conectados sino por la cubanidad. Al menos como lo entiendo desde mi experiencia. No se puede comprender ningún proceso cubano sin entrar en el funcionamiento del país.

He sido afortunado por ganar un Cubadisco en 2012 con un disco muy “extraño”, en una categoría muy ecléptica y difícil (Mejor Antología de Versiones), “rivalizando” con grandes maestros como Hernán Lopez Nussa, en un año en que este fue el indiscutible Productor del Año. Eso me valió un contrato con BIS Music, y el privilegio de participar como jurado en 2013 y 2014, en algo más de 50 categorías entre los dos años, que fueron desde música clásica, rap o electrónica, hasta trova, rock o audiovisuales. Estoy muy agradecido por la experiencia. Fue una gran escuela.
Hasta ese momento tuve muchos criterios encontrados sobre el Cubadisco, como todo el que no sabe como funcionan las cosas desde dentro. El sistema que encontré no era perfecto, pero es lo más cercano a la justicia que he vivido. Un jurado de 15-20 personas como promedio, entre músicos, productores, realizadores de la radio, críticos, profesores, periodistas… todos de distintas generaciones. Los debates eran muy calientes, pero todos daban su opinión, y era obligatorio argumentarla publicamente. Si los argumentos no eran suficientemente convincentes para generar consenso, se pasaba al voto secreto, y se contaba al momento y de manera pública. En caso de empate, se volvía al debate yendo al mínimo detalle y si no había consenso, de nuevo a votar. Si tampoco, se convocaba para otro día un jurado más amplio, que incluía a los presentes.
Muchos discos quedaron vencedores por un voto, dato que ni el público ni los artistas en concurso saben. Se dio el caso extremo de un jurado (un famoso) que no supo aceptar los criterios de la mayoría y decidió, “indignado” no regresar. El resto, buena vibra, independientemente del resultado final. La ventaja del debate es que te hace valorar el disco desde tantos puntos de vista como sea posible, y llegar a una idea más completa en su evaluación. Muchas veces el cambio de perspectiva te hace también variar tu decisión o reforzar la que tienes, pero indiscutiblemente te da más elementos para ser más justo.
En el año 2015 fui nuevamente convocado, pero me negué. La presidente del jurado (Nery Gonzalez) fue sustituida por razones de trabajo, por el señor Jorge Gomez. Me negué porque el señor-compañero Gómez destruyó el sistema en lugar de desarrollarlo más. Impuso el suyo, que da amplio margen a la arbitrariedad. Simplemente te ibas a la casa con tu música, y emitías un dictamen individual, sin posibilidad de debate. Tampoco se sabía quién tenía la mayoría, ni cuántos jurados emitieron su evaluación, por lo que esto va en contra de la transparencia del evento. No quedaba tan claro qué trabajo era el más acertado. No digo con esto que se haya favorecido o perjudicado a nadie. No estuve ahí. Digo que no es un método transparente. Al menos no tanto como el que suplantó.
El año anterior se dio un incidente "menor" en la categoría de Mejor Grabación (en Estudio): ninguno de los finalistas era una producción nacional. Este es posiblemente el premio técnico fundamental, y Cuba no tenía a nadie (de los que viven en la isla). Esto fue cuestionado (aunque no impuesto) y nosotros nos mantuvimos firmes en la decisión, precisamente porque sabemos cuánto cuesta hacer un disco, y no hablo de dinero. El consenso siempre fue respetar el trabajo por encima de todo. O al menos yo lo viví así.
Otro conflicto fue no solo la creciente producción independiente, sino que en porcientos, había un grupo mayor con posibilidades reales de competir en el mercado, que aquellos realizados por las propias disqueras. En general los de mayor calidad técnica eran institucionales, pero casi la mitad no tenían calidad para vender ni 10 copias. Eran más los independientes cercanos a la media. ¿Por qué? Porque obviamente los intereses que mueven las producciones son muy diferentes. Y te explico con mi propia experiencia.
El disco Yolinho Habaneiro abría una ventanita a un mercado nuevo para la música cubana, lo que se traduce en posibilidades de ingreso para el artista y para la disquera, por tanto, al país. Sin embargo, el premio fue la única razón por la que BIS Music decidió licenciarlo finalmente, después de un período sin respuestas. Es, según críticos y editores, el primer disco de clásicos cubanos solamente en habla portuguesa, y su repercusión en la radio fue muy favorable. Sin embargo, en inicio de 2016 no estaba todavía en el mercado. Ni siquiera había salido de la fábrica (si es que alguna vez entró). El contrato se firmó en 2012, mayo creo. La respuesta que recibí siempre fue la típica del “bloqueo”. Sin embargo en años posteriores, muchos discos producidos por la propia disquera han entrado satisfactoriamente al circuito comercial. Incluso algunos sin casi posibilidades de éxito. En muchos de estos, los nombres de los productores se repiten. Sigue el rastro y lo encontrarás. Luego saca tus propias cuentas.
Pero, ¿por qué no coincide el premio con la venta? Porque nos criaron con el mal de la emulación. Se imprimen unas cinco copias en modo “manufactura”. Es la cantidad de copias que exige el concurso (deberían ser más), y una vez que estás dentro perdiste la prisa. Aquí lo que se busca ganar es el reconocimiento. Ver qué disquera gana más diplomas, qué departamento acumula más trofeos de madera, quién es el vanguardia del año. Las ganancias que genere el disco desde su venta, entran directamente a “la economía del país”. Por tanto, no hay incentivo alguno que te lleve a completar tu trabajo, o al menos a mantenerlo vivo. Es comprensible. Al menos para mí. No creo que sea nadie culpable específicamente. Son simplemente seres humanos, individuos. El problema es estructural.
Las disqueras mantienen al día solo aquellos proyectos “probados” que venden algo, porque tienen además cuotas de ingreso que cumplir, “metas” que alcanzar, y directrices que seguir. No hay autonomía, ni necesidad, los mayores aliados del desarrollo. Imposible competir así. La mejor prueba somos los independientes, que tenemos ambas. Por eso la mayor parte de los discos de este tipo rondaban la calidad media. No es solo cuestión de dinero, sino de compromiso con el objetivo. Con tu objetivo.
Un disco es como un ser humano también. La idea es la esperma. El estudio el útero. La producción el embarazo. El lanzamiento el parto. Todo lo que viene después es su historia personal. Y su impacto trasciende el tiempo, como los grandes personajes. En Cuba, la mayor parte de los discos muere en el nacimiento. El beneficio económico se obtiene principalmente en la gestación, salvo excepciones. Un disco es un producto comercial. Luego un testimonio. Es ese orden el que rige el día a día para la mayoría de los terrícolas. Y, el hombre piensa como vive.
Mientras los productores no obtengan ganancias directas sobre las ventas, se seguirá dejando para mañana lo que se pueda hacer hoy. Hay interés por producir, no por vender. Cosa lógica, según mi punto de vista. No quiere decir que lo aplauda. Pero para el artista “indi” el disco es un hijo pródigo del que eres madre y padre, mientras para el productor estatal estandar, la casa disquera es como dirigir un orfelinato en la Europa del XIX.
Mi disco ni siquiera fue pagado. El contrato comprendió solo la producción de un video clip, que se realizó en 2013 y ni siquiera fue entregado por la disquera a la red de difusión nacional. Claro desinterés, no? En mi última reunión en marzo de 2016, trasmití al jefe de productores mi decisión de no regresar más por la disquera para saber del estado del disco. El tiempo que se pierde no se recupera.
Lo peor es que la historia del disco es la misma del MICONS, la del INDER, o la de la agricultura. Es la historia de Cuba de los últimos 30 años.

1 comentario:

  1. Te quedaste corto Yolo, es la historia de los uiltimos 57 años, es la historia de la revolucion.

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