enero 13, 2016

Longina por la puerta ancha (Santa Clara, Cuba – 2016)




La culpa es de la circunstancia que no me llevó a Santa Clara 20 años antes, cuando la distancia desde mi casa parecía mayor. Todavía no sabía leer y ya en la “ciudad del Che” varios trovadores revolucionaban las plazas, museos y teatros; idearon un festival para cantarle a Manuel Corona, uno de los imprescindibles en la música cubana de todos los tiempos.
Longina fue mujer y canción, ahora es leyenda; una fiesta de la letra crítica e inteligente; el bautizo de fuego del juglar más novel, y el escenario impávido para la lírica de los infinitos.
En esta edición del festival me asombró el ímpetu de los adolescentes compositores, la confianza que tienen para enfrentar al público con su poesía urgente, reversa del facilismo contemporáneo; me indignó algún artificial trovador nadando en el vicio del mercado y la crítica efectista y pedestre; me fascinó la noche en el Mejunje con la Trovuntivitis, porque la grandeza de su música es también de su substancia humana; sentí en vivo las canciones de Ariel Barreiros, Gerardo Alfonso, Inti Santana, Pedro Luis Ferrer…; y me entregué completo en un concierto, donde el público respetó y aplaudió mi trabajo.
Soy un hombre feliz con deseos de cantar y cambiar el mundo, que ambiciona una Cuba donde se expandan los festivales como este y la gente viaje por la vida con la humildad de Silverio (que es la de los grandes) aunque el equipaje sea tan solemne como El Mejunje.
Los organizadores del evento trabajan por la atención de todos y logran cumplir el programa, y los inconvenientes son invisibles para los participantes.
Plausible 20 edición del Festival Longina en Santa Clara, fue mi primera vez y espero que no la última, allí advertí la experiencia sublime de no sentirme solo.




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