noviembre 11, 2015

El grito de la gente



Cuando llamas las cosas por su nombre, alguien grita.
Cuando ocultas parte de la verdad, alguien grita.
Cuando proclamas la guerra, gritan.
Cuando tu papel es conciliador, para alguien es molesto, y grita.
Cuando el día, la tarde, la noche; cuando el beisbol, cuando el futbol; cuando la tierra, la economía, el salario, el discurso superfluo; cuando los congresos, cuando los concursos, cuando otros aúllan… alguien grita.
Pasa por acostumbrarse, porque desde la primera vez tuvo que ser prohibido por ley, quizás un humano avispado lo intentó, pero otro con poder gritó.

noviembre 10, 2015

¿Qué produce un trovador?



Un sobrino de mi esposa dice que soy un vago, porque solo me escucha tocar la guitarra; no construyo casas, ni siembro arroz, ni hago panes, ni recojo la basura de las calles. Un familiar lejano se asombra al verme levantar de la cama a las 10 de la mañana, y siempre comenta en tono desagradable “¿¡Eh, largo descanso!?” Otros familiares me llaman para las tareas de la casa (en mi horario de estudio) y no reparan si estoy escribiendo o tocando o cantando o leyendo partituras. Pocos respetan mi sueño de la mañana, “no debiste acostarte tan tarde”, dicen cuando les pido, por favor, silencio. El amigo que me encuentra después de un tiempo cuando le digo que soy trovador y escribo, siempre pregunta: “¿Y en qué trabajas?” En fin, debiéramos todos los artistas, dejar de serlo; dedicarnos a construir casas, a sembrar arroz, a hacer panes, a recoger basura en las calles, y tal vez pasado el tiempo alguien comenzará a creernos necesarios.