septiembre 23, 2015

Ruta Sur (XV) La Plata – Fulana no es cualquiera

Si bien ha pasado tiempo sin que comparta experiencias, no dejo de vivirlas.
Después de varias semanas en Buenos Aires, la capital del país que me recibe desde hace más de dos meses y no para de sorprenderme, giré mi ruta hasta La Plata; el viaje más corto que he hecho en ómnibus.
Durante el trayecto pensé en el silencio de mi blog, y saqué cuenta de que la sustanciosa agenda dispuesta por la anfitriona, María Santucho, me había embelesado tanto que olvidé compartir todo.  Anoté algunas ideas y pensé que mi próxima Ruta Sur sería sobre ellas: los conciertos y las noches con la maestra Liliana Herrero; con Marcelo Torres (bajista prodigioso, compañero de Spinetta); la experiencia de recorrer el monumental Centro Cultural Kirchner y participar de un evento cultural atípico como es el MICA;  el folklor de Mavi Díaz; los recitales en Los Chisperos con mi hermana Aurora Feliú y en Tiempos Modernos con la sublime Paula Ferré (y no me paso en el adjetivo); el recorrido por librerías que no cierran en la madrugada, el cine Incaa Gaumont‎, la biblioteca Nacional por donde anduvo Borges, el parque Lezama; compartir madrugadas con los trovadores Gabo Sequeira y Pilmaiquen Mlikota (Pil, para todos); despedir a un cubano y querer irme con él escondido en su bolso; visitar una mega peña llamada Atahualpa Yupanqui y cantar… pero llegué a La Plata, y bajé del ómnibus y olvidé la guitarra encima, y el chofer me la recordó con cara de sorpresa y yo lo miré cómo si me devolviera la vida, y llegó una Fulana a saludarme, y recorrí el camino hasta su casa y pensé: “ya hablaré de Buenos Aires al final, porque allá regreso y todavía tiene más para darme, lo siguiente que escriba será de La Plata”.
Y acá estoy, como diría un amigo argentino, dilatando para ubicarlos en contexto, porque no quiero aparecer de pronto diciendo: “Argentina es energizante” y que se malinterprete.
La Plata es historia nueva. Una ciudad pensada desde antes de su construcción, con las calles bien trazadas, incluidas algunas diagonales para equivocar al visitante; con edificios tradicionales y hacia el cielo, estilo gótico, con una plaza cada seis cuadras, con un Mondongo Cultural y unas Fulanas trío.
Con ellas compartí en ese “mondongo”, un nombre antinómico para lo que realmente es el sitio, un aliento, un buen espíritu motivador del canto.
Desde el público una señora me sorprendió con una foto mía sin barba y con sombrero: “estás abrazado a mí – dijo – eso es cuando estuve en Cuba, te vi cantar allá, pero ahora me gustaste más”. Quise responderle algo, respecto quizás al lugar, y cómo influyen en el artista los aplausos cariñosos de público, el respeto y la atención con que escuchan… pero la dejé ser, se fue sin saber o quizás sabiendo con solo mirarme a los ojos.
“¿Por qué se llamarán Fulanas?”, pensé antes de conocerlas y escucharlas cantar. Hicieron el cierre del recital con maestría, y al día siguiente prepararon un recorrido profundo por la historia de su ciudad. Me estremeció el lugar desde donde partieron los jóvenes a morir en Malvinas, la casa donde la dictadura masacró a una familia e hizo desaparecer a un bebé; y salté como un crío en el País de los Niños, donde se aprende a entender y amar a la Patria (¿cómo querer algo que no se conoce?).
Las Fulanas son gente noble, desprendidas de lo material, trabajadoras, maestras, cantantes, arreglistas musicales, amigas, amantes de un proyecto social que incluya a todos los seres humanos, madres, vehementes para enfrentar la vida, próvidas de lo ajeno pero pródigas de lo propio, y humildes… por eso se dicen así, “Fulanas”, porque creen que no hacen nada extraordinario o, en cualquier caso, sí lo creen, pero conscientes que son como otras, que el esfuerzo genera maravilla.
Al cierre de esta especulación personal, agradezco a tanta gente valiosa que acepta mi mano de amigo y me llena de vivencias en cada lugar argentino, no todas las contaré en este blog, uno, porque sería demasiado extenso e irreproducible en palabras, y dos, porque hay experiencias que las quiero solo para mí.

Esta vez gracias Fulanas, para mí son más que eso.