agosto 13, 2015

Ruta Sur (XI) Rosario – La Edad de Oro

Aquí: donde nació Ernestito Guevara un 14 de junio; aquí donde hubo un puerto y ya no está; donde Rosario Central es el equipo de fútbol más seguido; donde el clima te corta la respiración; donde la bandera argentina tiene un monumento y Lionel Messi un restaurante; donde un bar se llama El Escaramujo; donde se come pan de miga y pizzanesa; donde tengo amigos con el corazón cubano; donde escuché reguetón y me cargué; a donde voy a regresar en tiempo futuro… aquí, hay muchos niños que quieren saber de mi país.
La escuela República de Venezuela en Rosario, reúne en las tardes a infantes de entre 6 y 10 años de edad, allí aprender a ser hombres y mujeres de bien. Sus maestros les hablan de San Martín y de su gesta libertadora; de Bolivar… pero solo unos pocos conocen a José Martí. No son amigos de Pilar, ni sueñan con un camarón encantado, pero sí preguntan como Meñique, o como el Escaramujo, o el Enanito, y quieren estar al tanto de todo. Saben querer, saludan al paso y te abrazan como si fueras un ídolo, y te ofrecen dibujos y se apilan unos con otros para llegar primeros y que el “maestro cubano” les firme en su cuaderno y les de un beso.
Estos niños y niñas son como Bebé, arrancan la hoja de la obediencia pero después caminan cabizbajos cuando la profesora les hace salir de la fila y perderse la oportunidad de llevar dibujada en un papel la bandera cubana y una guitarra.
No son niños, son príncipes, porque cuando el “maestro cubano” les dice: “a las niñas les firmo primero”, saben dar marcha atrás, aunque rezongan porque ya sus padres los esperan impacientes en la puerta y se irán sin el abrazo del trovador: El que les habló de Martí, del niño que nació en su tierra y no fue un “che” más, sino el Che, del hombre de barba blanca que se llama Fidel y cumple hoy otro año de legendaria vida, de la bandera de franjas azules y blancas y triángulo rojo como la pañoleta de los pioneros; el cubano que les cantó un poema de Dora Alonso que aprendió cuando su padre lo dormía siendo un pequeño, y el himno de su Patria;  el cubano que les prometió mandarles un libro de La Edad de Oro, porque piensa que ningún niño o niña del mundo puede crecer sin leer Los tres héroes, Los dos príncipes, Los zapaticos de rosa y Meñique.
Los rincones de Argentina tienen maravillas.
Aquí un niño me preguntó si era feliz y hoy, como cuando estoy en casa con mis hermanos menores (gigantes), lo fui.


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