mayo 09, 2015

Desprecio su disfraz de mártir siendo verdugo.



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Respeto mucho la dedicación y el estudio de los seres humanos como para nombrarme profesional de un medio ajeno. Este blog, espontáneo, sin pretensiones populistas ni elitistas, actualizado esporádicamente cuando las condiciones y el espíritu lo permiten, no es de un periodista.

No escribo a nombre de otros, sino del mío propio. No trabajo para incrementar las visitas con sensacionalismos y después regodearme que soy de “los más leídos”, no subrayo por gusto. No copio ideas. No busco la censura para ganar adeptos en pose de víctima.
Las calificaciones se las dejo a los otros, no me proclamo “bloguero”, ni “sociedad civil”, a penas aprendo todos los días a ser trovador y renuncio al título de sociólogo porque toda profesión necesita de ejercicio constante. 
No juego con las palabras, digo caminos no bifurcaciones. Soy respetuoso de la otredad, no modero comentarios… Digo joven cubano, no “jóvenes”; digo creo, no “creemos”.
Soy consecuente con lo que escribo. No puedo ser hipócrita.
Por eso me aturden los nuevos “mártires” de la blogósfera cubana, los que hablan de Martí o el Che sin conocerlos, porque son arribistas, moscones. Los que meten la cabeza hasta el fondo con tal de no perderse un evento y ser protagonistas. El tiempo no perdona nunca, es el más sabio y real de los dioses.
No voy a expulsar las ranas del pantano, porque son de conciencia sorda; su próximo croar será igual de cínico, efectista y artificial.  No voy a contraer mi rostro, ni fruncir el seño con sus salpicones. Este post es el ocio momentáneo de mi indiferencia, un tiempo fuera para recordarles a los difuntos del entendimiento que nadie se le escapa a la historia.
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Como Martí, todavía no aprendo a odiar, pero los desprecio.

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