julio 14, 2014

Las culpas que tengo ¿¡Y qué!?



Ya se ha dicho más de una vez que los artistas tenemos fama de bohemios, desprendidos… algunos apuntan “irresponsables”. Mi jefa superior, por ejemplo, no encuentra justificación en mis aclaraciones. Es incompresible (para ella y otros innombrables) que alguien como yo, que solo escribe canciones y prepara conciertos, no tenga suficiente tiempo para otras tareas.
Entiéndase “otras tareas” como, deambular en una oficina de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde; entiéndase “deambular” como perder el tiempo; entiéndase “perder el tiempo” como asesinar las musas... y sin musas me convierto en un mediocre del arte (si es posible llamar a algún mediocre, artista, aunque la TV se afane en ello).
No indica acaso el silogismo, disminución; por obligación cumplo las tareas que considero lógicas, y el resto (la mayoría) las ametrallo al rincón, amén de instantáneos mamotretos donde mi nombre se conjuga con rayas rojas y adivinadas evaluaciones negativas. Siguen saliendo canciones, con menos frecuencia que antes, pero al fin y al cabo, aparecen.
Prefiero ser irreverente y no conforme, defender mi lógica por encima de preceptos inadmisibles, invocados desde el maltrato, la sospecha, el desconocimiento, la improvisación, la autocracia inoportuna en tiempos de luces… sigo siendo trovador y no burócrata, además para mi buena salud, cuando encuentro una PC con teclado y conexión a Internet, me convierto en bloguero.   
Cargo todas las culpas, justas o no, las amarro a la espalda, me empino tres vasos de agua y camino montaña arriba. Las salvo de sí mismas, las cuido como hijas de un tiempo que pasará; regresarán calle abajo, crecidas, preguntando por sus autores, y se ramificarán en su pecho trunco.
Guardaré algunas culpas, advierto, nunca voy a ser inocente, porque sería demasiado aburrido.

julio 05, 2014

Tony Ávila, la expedición no acaba (+FOTO)



En el año 2008 en Matanzas. Tony Ávila detrás y yo

Tenía una bandera de Puerto Rico en el pecho, de telón de fondo una cubana. Cantó más dos horas y nadie estaba cansado. Recordé mi adolescencia, la novedad de una trova austera, aquellos nocturnos, primeros y únicos tragos… y cómo si no pasara el tiempo, todavía nos sorprende invitándonos al escenario. Subimos tres trovadores aprendices, niños, embelesados al ver otra vez en sus predios a Tony Ávila, con otro formato musical, nuevas improvisaciones, pero el mismo corazón y manos gigantes.   
El primer trovador que arropó mis canciones, el primero en ser respetado y magno antes de concurrir en los medios súper poderosos; sigue abrazando gente, saludando desde la tarima a sus amigos, que somos todos, los de siempre, pioneros aplaudidores de “El mundo de los más”, “La choza…”, “Mi casa…”, “Científicamente negro”, “Balsero”…
Tony Ávila cantó en Matanzas como la primera vez… lo vi más grande… cierto… gigante… quizás algo bueno le ocurrió.
“Viva Cuba”, decía. Qué viva coño, que viva.

julio 03, 2014

Yo también tengo un hermano



Pero sabe que lo admiro, como a un hermano mayor – aunque solo conoció el mundo seis días antes que yo.
Tiene la pericia para domar la guitarra y estremecer seis cuerdas como dedos propios, la voluntad para el estudio – yo quiero imitarlo, como buen hermano menor.
Es un hermano maestro, de los que impulsa a tomar el camino infinito, angustioso pero conveniente a su juicio. Lo comparte, lo regala… y se detiene para cuidar que no caigas en “aquel bache”, y te advierte: “ignora las sillas… sigue… sigue”.
Es el hermano de hombros para todo, allí tiene mis lágrimas.
El hermano de risa, “de hambre, de suerte, de vida”.
Es mi hermano porque sí, y porque no. Porque no calla ante nadie, no duda, no miente, no se conforma…
También tengo un hermano trovador, pero es distinto a otros, porque lo escogí. ¿Lo sabrá?... no importa, yo sí.