abril 14, 2014

Música culta (la cultura en un bus)

por Carlos Eduardo Rojas 

Subir, bajar, esperar otro bus, así durante todo el día hasta que las monedas y los billetes digan, en medio de guiños de complicidad, que es hora de ir a casa. Soy artista urbano. Mi jornada transcurre entre cualquier esquina con semáforo de Bogotá y los vehículos de transporte público.Un escenario rodante en el que muchos pasajeros no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor. Algunos ni siquiera abren los ojos. Otros, en cambio, dirigen su mirada indiferente hacia la ventana por donde pasa la ciudad en contravía.

Ya va una semana de sol. Al parecer el invierno nos dio una tregua. La ciudad es muy diferente por estos días. La gente, amable;  el gris de las calles, menos agresivo;  las vitrinas se pintan de naranja al caer la tarde y los árboles, más que testigos silenciosos, se transforman en agradables sombras protectoras.
Generalmente, interpreto bambucos. A veces boleros o algún aire del folclor latinoamericano. Respeto muchísmo a los espectadores ocasionales para los que canto, por eso ensayo con anterioridad las canciones. En realidad la música andina colombiana es la que mejor se acomoda a mi estilo.
-“Buenas tardes damas y caballeros. Gracias a la gentileza del señor conductor voy a compartir un tema de nuestro folclor. Se trata del bambuco Soñando con los abuelos…”
Respiré profundo, repasé los rostros de mi público y empecé a cantar:
Anoche estuve soñando,
que hablaba con mis abuelos
y les pregunté llorando
¿Qué puedo hacer por mi pueblo?
Aquí ya no existe paz
Aquí ya no hay libertad
Aquí ya no pasa un día sin algo que lamentar…
Una señora que estaba en la segunda fila hizo muecas de desagrado, se paró y fue a sentarse en las últimas sillas. A su lado otra mujer empezó a taparse los oídos, mientras el hombre que iba a su derecha le comentaba algo sin quitarse los audífonos que tenía puestos.
"Aquí el hermano traiciona
y se ufana al traicionar
y el hermano va y nos vende
y luego vuelve a cobrar.
Aquí el mundo está al revés
nadie quiere trabajar
y a las gentes que trabajan
las arrasan sin piedad."
Las demás personas se veían tranquilas, inclusive algunos parecían disfrutar mi actuación.
Seguí como si nada, pero el grupo que estaba en la última fila exageraba cada vez más las evidentes señales de fastidio. Me hice el pendejo y continué.
"Yo no quiero ser cobarde
usted me enseñó valor
por eso para quedarme
quiero hallar la solución.
La sonrisa del abuelo
no sé por qué me dio paz
y esperé por un momento
que empezara a aconsejar.
Me dijo, con miedo mijo,
no cambia lo que suceda
para integrar la familia
haga todo lo que pueda
no sea extranjero en su tierra
viva siempre como piensa
para que cargue tranquilo
livianita la conciencia..."
Faltaba solamente una estrofa. En ese momento la mujer que se tapaba los oídos con sus manos gritó:
_ “¡Ya cállese que me tiene desesperada!”.
Enseguida, la señora y el tipo que tenía puestos los audífonos se le unieron:
_”¡Sí, cállese que usted no sabe cantar!”.
En la parte del bus donde me encontraba, es decir adelante, los pasajeros me apoyaron:
-¡“Respeten que el señor canta muy bien y la letra de la canción bellísima!”
_ “¡Qué gente tan grosera, cállense más bien ustede allá atrás!”
_ “Señor, no les haga caso, por favor”, me dijo una jovencita después de sonreírme.
Muy confundido, nervioso y apenado acabé. Jamás me había pasado algo así. En casi todos los buses, busetas y colectivos me aplauden y me dan las gracias, además- por supuesto- de colaborarme. No sé de dónde saqué fuerzas, volví a respirar profundo, me apoyé sobre los dedos gordos de mis pies y entonces, con absoluta seriedad, se me ocurrió despedirme así:
_ “Muchas gracias por su solidaridad, pero las personas que protestaron tienen toda la razón. Lo que pasa es que tal vez ustedes no saben que ellos pertenecen a una compañía que promueve la música culta. Por ejemplo, el señor que tiene los audífonos es un tenor muy reconocido que ha cantado en la ópera El Barbero de Sevilla en varios teatros europeos. Y las señoras que están a su lado, una soprano y la otra contralto, se han presentado en espectáculos tales como Carmina Burana y la ópera Carmen. Por eso, en reconocimiento a su estatura musical y en una actitud de desagravio por mi espantosa interpretación, les pido el favor que les regalemos un sonoro aplauso…”
Carcajada general y lluvia de aplausos fue la despedida que me dieron. Antes de salir, el señor de los audífonos me miró con cara de pocos amigos. Y las mujeres que lo acompañaban bajaron la cabeza, justo en el momento de acercarme  y pasar cargando  mi guitarra y una enorme sonrisa dibujada en mi rostro.

1 comentario:

  1. Que lindo Rey, acorde a los tiempos. No conocía nada de él

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