diciembre 08, 2013

Señales, luego de Teresa Parodi y Silvio Rodríguez



Tengo esperanzas. Estoy cargado de una energía extraña y algunos amigos la adjetivan contagiosa; voy a entenderla en voz alta.
En La Marina, barrio de Matanzas donde llegó Silvio Rodríguez y todo el equipo de Ojala


 (Foto: V.V)

Hace una semana, a pocos metros de mi asiento, un ángel hermoso e inquieto desprendió su corazón del pecho y a cada cual nos dio la partícula que queríamos merecer; guardé la voz, el alma y la lágrima translúcida de Teresa Parodi, yo quería todo y cuando colmé mi refugio con alientos, reventé a llorar como lo hacen los hombres cuando están en pleno éxtasis (porque los hombres también lloran, eso ya lo aclaró mi padre).
Sobre la placidez inexplicable, hasta hoy también irreverente, descubrí que no quería envejecer con miedos, y cual fortuna de David, hace unas horas, tomé una guitarra como honda y subí al escenario para cantar (por segunda vez en la semana) después que Silvio Rodríguez proyectara su Ojala.
Tengo esperanzas porque tengo energía, y si alguna vez la encuentro amenazada voy a recordar que existió esta semana: las canciones de Teresa Parodi en su A Guitarra Limpia, la música de Silvio y los Muñequitos en dos barrios de Matanzas (El Fundador y La Marina) y el calor de humanos nobles que aplaudieron y recibieron mis canciones como si fueran esperadas desde siempre.
Tengo energía porque tengo esperanzas de que esta semana se repita.

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