diciembre 03, 2012

"Su estilo corresponde con su momento" - dice sobre los trovadores de hoy


Cuarenta años después
Por: Tony Pinelli 

Noel Nicola, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, hace 45 años en la Casa de las Américas
La ciudad de Manzanillo aún dormía plácidamente, cuando un grupo de ómnibus, llevando a poco más de un centenar de jóvenes, salía rumbo a Las Coloradas, aquel amanecer del 2 de diciembre de 1972. 
Ochenta y dos jóvenes destacados de las provincias orientales, iban a rememorar el desembarco del Granma y la caminata desde Las Coloradas hasta Alegría de Pío y a ellos se agregaban casi todos los 56 jóvenes trovadores que se habían reunido en Manzanillo para celebrar el “Primer Encuentro de Jóvenes Trovadores”, auspiciado por la Unión de Jóvenes Comunistas y por invitación del compañero Morales, Primer Secretario del Partido en Manzanillo en ese entonces.


Caminamos todo el espigón de madera que atraviesa el manglar hasta llegar al lugar del desembarco y allí nos maravillamos del tesón de aquellos hombres que vinieron a combatir a Batista, que tropezaron con una insistente mala suerte, pero que la supieron vencer a sangre y fuego. Apenas unas centenas de metros había una tranquila y cómoda playa por la que desembarcar, pero en la oscuridad de la noche no la vieron y salieron por el manglar espantoso, una tortura aun sin armas y equipo, imagínense después de la travesía, el mareo, alimentación deficiente y un enemigo con sed de sangre tras ellos. Sin embargo, lo hicieron para adentrarse casi desvalidos y exhaustos hasta llegar tras penosa caminata a Alegría de Pío, donde sobrevino el desastre que casi los aniquila y aun así supieron organizarse y vencer para lograr la hazaña de la primera Revolución socialista triunfante en América.
 
El día anterior habían terminado las sesiones de diálogo y discusión acerca de la canción y el arte, su papel en la sociedad y otros temas. Así se instauraba el caso de una agrupación de jóvenes artistas, que habían tenido que atravesar también su manglar ―muchísimo más leve que el de Las Coloradas, por supuesto, pero manglar al fin― de incomprensiones y críticas, parte de una verdadera campaña por parte de un grupo de funcionarios que no entendía la manera de cantar de aquellos trovadores y les habían colgado el cartel de negativos, al punto de no quererlos en los centros de trabajo donde ellos estuvieran hasta tratar de borrarlos de la difusión artística del país, pero ahora ese grupo, producto innegable de la Revolución,  se integraba a la organización política de los jóvenes, la Unión de Jóvenes Comunistas de manera oficial, vinculado a su entonces esfera de Cultura, Deportes y Recreación, dirigida por Alberto Rodríguez Arufe y su equipo, frenando de cierta manera a aquéllos que insistían en que los trovadores que cultivaban esa especie de nueva canción, eran “rebeldes sin causa” o “ideólogos por la libre”, como le oí decir a algunos funcionarios de la época, en tantas discusiones sostenidas cuando nos prohibían cantar algo o nos botaban de algún lugar. Fue un apadrinamiento inteligente sin exigir militancia en la organización, aunque sí en la Revolución, continuación del noble gesto de Casa de las Américas y su eterna directora en particular, Haydee Santamaría y el Instituto cubano de Artes e Industrias Cinematográficas (ICAIC) de Alfredo Guevara con la creación del Grupo de Experimentación Sonora, que junto a otras personalidades, entre las que destaca Quintín Pino Machado, siempre trataron de proteger a la expresión nueva trova desde sus primeros brotes.
 
Nunca supe de quién fue la idea original, que mientras más pasa el tiempo se me hace más lúcida,  si bien ya existía la experiencia de vincular movimientos de canción política en el campo socialista a las organizaciones juveniles, como en la RDA, pero con el mayor respeto, aquellas organizaciones como el “Oktober Club” y “Generación del 49” concebidas como instancias de agitación y propaganda juvenil, jamás tuvieron la profundidad intelectual ni la calidad musical de la nueva trova cubana, u otros movimientos de varias partes del mundo y no hay mejor prueba de ello que la historia, que no guardó en la memoria popular internacional a nadie de esos movimientos con la altura de un Atahualpa Yupanki, Chico Buarque, Bob Dylan, Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti o nuestros Silvio, Pablo y Noel, por solo mencionar a los tres clásicos.
 
Lo cierto es que la UJC, con cierta lógica desconfianza al principio por ambas partes,  nos dio las herramientas necesarias para que los que pensábamos de forma parecida pudiéramos encontrarnos en todo el país, e incluso fuera de nuestras fronteras, además de la fuerza necesaria para demostrar que teníamos razón en lo referente a pensar la Revolución con cabeza propia, con nuestros criterios y nuestros errores, tanto, que si bien aprendimos mucho de la indispensable disciplina que exige un país como el nuestro, también nuestros asesores políticos aprendieron que aunque fuera de una manera deficiente e incluso contestataria, la discusión, la no aceptación de consignas y orientaciones sin pensar y el derecho a no estar de acuerdo, era algo útil y propio no solo de los jóvenes, sino de toda persona honrada, que no por el hecho de sostener un criterio o hacer una crítica, se alejaba del proyecto revolucionario.
 
Poco después de Manzanillo, nos convocaron a una reunión en la Escuela de Bibliotecarias, hoy Ministerio de Cultura, para plantearnos a un grupo de nosotros, si aceptábamos pertenecer a una dirección nacional para organizar el movimiento en todo el país, y como es natural, con mucho entusiasmo y poca experiencia pusimos manos a la obra.
 
La primera reunión que tuvimos, fue en casa de Silvio Rodríguez, que vivía en la calle 23 entre 22 y 24, en El Vedado, y allí se tomó la primera decisión importante, nos llamaríamos Movimiento de la Nueva Trova (MNT), no de jóvenes trovadores, porque desde entonces había conciencia de que la filiación hacia ese tipo de expresión artística o estilo, no sería para nosotros un problema de juventud, sino un sentimiento terminal que los años no cambiarían.
 
Nunca se confundió la diferencia entre la línea estética y el movimiento como agrupación de entusiastas y simpatizantes, al menos en el grupo inicial. La Nueva Trova es un acto de creación en su más profunda razón de ser y el movimiento era la agrupación de creadores, intérpretes y hasta simples simpatizantes, que gracias a existir una organización así, se acercaron a la aspiración de una creación musical con miras más altas, dignas del ansia de superación del ser humano y concordante con el medio ambiente social de aquel momento mágico de excelentes grupos de teatro, libros de pobre encuadernación y exquisito contenido, un ICAIC, símbolo de vanguardia en el pensamiento revolucionario en el arte, una Casa de las Américas con el enorme prestigio de Haydee Santamaría y lo mejor del continente, un siempre lamentable ICRT excepto el radio y hasta un Luis Pavón Tamayo, aunque símbolo del quinquenio gris, siempre colaborador, solícito y hasta tolerante con nuestras expresiones en discusiones a “lo cortico” que nos convocó, con perdón de escritores y artistas brillantes que pueden ofenderse de esta verdad para nosotros, los fundadores del MNT, que no puedo dejar de mencionar por un simple problema de honestidad, aunque comprendo que hay heridas muy profundas que no por ser ajenas, duelen menos.
 
El movimiento permitió la confrontación de manera más organizada entre la vanguardia de los compositores de toda la nación en esa forma de hacer; se crearon grupos que fueron de gran popularidad y excelente calidad, logrando un timbre especial en el plano instrumental, pues conformaron una especie de sexteto y/o septeto que en vez de trompeta, como era habitual en el concepto tradicional, utilizaron flauta, aportando una sonoridad propia, como Manguaré, Moncada, Mayohuacán, Guaicán y otros, además que surgieron grupos vocales de gran relevancia, tales como Los Dimos, Los Cañas, Tema IV, Arenas Blancas, Muralla, Nuestra América,  utilizando conceptos armónicos y contrapuntísticos muy particulares de los grupos del MNT.
 
La creación del movimiento abarcó una nutrida cantidad de líneas de trabajo, como fue el acercamiento a géneros y aires latinoamericanos, la producción en términos afines al rock internacional y la profundización en nuestras raíces, que para mí fue un gran acierto, pues considero enaltecedor que jóvenes de jeans y pelo largo ―como he mencionado en otras ocasiones― pudieran ofrecer al público rumbas, sones montunos, changüíes y tonadas campesinas entre otras especialidades y géneros recibidas de buen grado y ejecutados con toda dignidad, amén de enaltecer la tradición de humoristas desde la canción, con Virulo, Alfredo Carol, Tatica del Valle, Sara González, Angelito Quintero y otros, excelentes compositores e intérpretes de temas “serios” que lograron una línea humorística de primera categoría, todo un logro disfrutado por el gran público.
 
Los trovadores  solistas o cantautores, a fuerza de talento y sensibilidad, fueron dejando una serie de canciones antologables de gran belleza, dignas de figurar en la selección más exigente, aunque por mucho tiempo, la radiodifusión prefirió promover las creaciones de elogioso contenido político, lo que fue aprovechado por algunos para definir a la nueva trova como un movimiento de canción política oficialista, cuando era mucho más que eso, aunque a muchos creadores les naciera de buen grado cantar loas a los logros del país, pero nunca se dejó de reflejar el medioambiente social, por eso nunca se dejó de hacer críticas y cantarle a las relaciones de pareja.
 
Se promovieron eventos nacionales e internacionales de relevante categoría, llegando a participar en acontecimientos internacionales de suma importancia, desde las campañas de la Unidad Popular del Chile de Allende, hasta  las guerras de Angola y Etiopía, pasando por los mejores escenarios y teatros de casi todo el mundo. Se dejó testimonio de aquel impresionante talento musical, con sus lógicas altas y bajas ―pues nunca existió ni se pretendió una calidad pareja― y se fueron integrando a la producción musical del movimiento importantes músicos cubanos y de otros países, porque siempre se luchó por una integridad con músicos de otros estilos.
 
Se actuó con pasión y vehemencia, sentimientos no ajenos de intolerancias y criterios duros que se emitieron honestamente, que a veces nos llevaron a ser injustos con compañeros nuestros en situaciones que por suerte, la vida subsanó en su mayoría, pero independientemente que llegó un momento en que el movimiento perdió fuerza y que los nuevos trovadores de la generación de Carlos Varela, Santiago Feliú, Frank Delgado y otros, sufrieron las mismas situaciones que ya la generación nuestra había superado, se había logrado la aceptación de una manera de cantar mucho más sólida que toda barrera que interpusiera entre público y trovador cualquier funcionario extremista u oportunista de los que siempre, atrincherados en la burocracia, van a existir en contra de la razón y el espíritu de unidad que siempre ha sido un reclamo constante.
 
Aquellos jóvenes de diciembre del 72 se multiplicaron, algunos quedaron en el camino, otros, simplemente se cansaron y dejaron de tener fe, pero amén de censuras y prohibiciones, dejaron su obra y su aporte a una intención de hacer canciones con mayor nivel y legitimidad, por eso quiero recordarlos como homenaje a su aporte histórico en esta lista que puede tener ausencias, pero que realizó Vicente Feliú con el asesoramiento de varios fundadores:
 
Listado de trovadores pertenecientes al Movimiento de la Nueva Trova, confeccionado por Vicente Feliú
1-     Pablo Milanés
2-     Silvio Rodríguez
3-     Noel Nicola  (*)
4-     Vicente Feliú
5-     Augusto Blanca
6-     Lázaro García
7-     Eduardo Ramos
8-     Martín Rojas – Reside en EE.UU.
9-     Miguel Escalona (*) – Camagüey
10- Freddy Laborí “Chispa” – Holguín, Baracoa
11- Ramiro Gutiérrez – Holguín (Reside en Canadá)
12- Enriquito Núñez Díaz
13- Omar Pérez – Pinar del Río
14- José Antonio Rodríguez – Las Tunas (Reside en EE.UU.)
15- José Ferrer (Dúo Escambray)
16-  Mario Crespo (*) – Santa Clara
17-  Belinda Romeu – Reside en Bolivia
18-  Sara González (*)
19-  Amaury Pérez
20-  Miriam Ramos
21-  Carlos Gómez – Reside en EE.UU.
22-  Miguel Porcel – Reside en EE.UU.
23-  Pedro Luis Ferrer – Por su estilo trovadoresco, siempre lo incluímos, aunque nunca quiso ser miembro del MNT
24-  Ángel Quintero
25-  Alejandro García “Virulo”
26-  Saulo Fernández – Camagüey
27-  Heriberto Reinoso – Camagüey
28-  Luis Lima (*) – Camagüey
29-  Luis Llaguno – Matanzas
30-  Lorenzo Cisneros “Topete” – Guantánamo (Reside en México)
31-  Francisco “Pancho” Amat (Manguaré)
32-  Adolfo Costales
33-  Jesús del Valle “Tatica”
34-  Tony Pinelli (Los Cañas)
35- Carlos Fernández Remudo “Carlitos Mas”
36- Francisco Díaz de Villalvilla – Cienfuegos (Fuera del país)
36- René Urquijo – Santiago de Cuba
38- Alfredo Carol (*)
39- Margarita “Maggie” Mateo
40- Rubén Galindo (Fuera del país)
41- Mario Ayoub – Camagüey (Reside en La Habana)
42- Manolo Sabín
43- Noel Gorgoy – Pinar del Río
44- Ana Cristina Pozo – Pinar del Río
45- Alberto Faya
46- Manolo Calviño
47- Jorge Gómez Barranco (Moncada)
48- Pedro González (Dúo Escambray)
49- Jorge Gómez Gutiérrez – Santa Clara
50- Andrés Pedroso (Manguaré)
51- “El Gordo" Claver – Bayamo
52- Isidro López Botalín (*)
53- Omar Morales “El Gago” – Pinar del Río
54- Orlando Silverio Hernández – Holguín
55- Rafael Quevedo – Reside en Argentina
56- Carlos Alfonso
57- Lázaro Reyes (*)
58- Pedro Novo – Cienfuegos
59- Carlos León
60- Clodoaldo Parada – Camagüey (Morón)
61- Larry Morales – Camagüey (Morón)
(Faltan algunos nombres de los integrantes de los grupos).
(*): Fallecidos.

Después, con el transcurso de los años se sumaron muchos más y como es natural, fueron descollando los más brillantes, hasta llegar a ser verdaderas luminarias en su oficio, aun después que el movimiento fue integrado a la Asociación Hermanos Saíz, que todavía mantiene su papel de promotor de artistas jóvenes vinculados a un arte comprometido, al igual que el Centro Pablo de la Torriente Brau y otras entidades del país.

El quehacer de la nueva trova caló hondo en el mundo entero y nuestros trovadores más insignes son verdaderos ídolos de multitudes y ya, quizás como alivio a las canas, porque siempre un halago o un reconocimiento ayuda en algo a vivir, hasta jóvenes y viejos hay en varias latitudes que atesoran nuestros primeros discos y conocen de nosotros más de lo que nos pudimos imaginar.

Ya la nueva trova no necesita un movimiento, por sí sola se mueve y se reconoce. Los nuevos trovadores continúan, a su estilo y en correspondencia con su momento, la labor de cronistas que siempre, desde Pepe Sánchez y Sindo Garay, caracterizó al trovador, aquel que bebe en las fuentes de lo cotidiano y es capaz de convertir una mujer hermosa  en una perla marina, dibujar a la noche cubana como una negra bonita de ojos de estrella, darnos una canción y decir Patria y arreglar la estructura de nuestra casa sin que se dañen los cimientos.

Creo que puedo hablar en nombre de todos los fundadores, incluso los que viven lejos o ya partieron para siempre,  al decir que fue una excelente escuela aun para aquellos que puedan guardar algún dolor, porque esas cosas aunque no se quieran siempre pasan, pero por suerte, la nueva trova o trova a secas si se prefiere, se renueva y continúa, para bien de todos nosotros.

Tomado de Cubarte 
 


No hay comentarios:

Publicar un comentario