diciembre 05, 2012

Como si no pasaran los años, parece que el trovador nos habla al oído (+FOTOS) (+VIDEO)


Hay un almanaque de 35 
entrevista con Noel Nicola por Magaly Cabrales  

Noel Nicola
Justo por estos días el Movimiento de la Nueva Trova está conmemorando el aniversario 35 de su fundación. Entre las celebraciones más importantes se encuentra la que tuvo lugar en el Instituto Superior de Arte el pasado siete de octubre, donde en el acto de inauguración del curso 2003-2004 se le hizo entrega del Diploma alMérito Artístico a 31 fundadores de la Nueva Trova. Entre ellos no podía faltar NoelNicola, quien precisamente ese día celebraba su 57 cumpleaños.  

Por tal motivo, las páginas de La Jiribilla se abren doblemente para Noel. Primero, para felicitarlo por su onomástico augurándole todavía muchos más éxitos de los que ya ha conquistado y, segundo, para que nos hable acerca del Movimiento de la Nueva Trova, en su doble condición de cantante y compositor de más de 300 canciones.  

Noel, hace 35 años que formas parte del Movimiento de la Nueva Trova, pero mucho antes de integrarte a él ya te hacías acompañar de una guitarra. Aunque no pueda decirse literalmente que naciste con ella debajo del brazo. ¿O sí?, teniendo en cuenta el legado ancestral. 
Ciertamente, como tú afirmas, no traje conmigo una guitarra cuando vine al mundo Sin embargo, puedo asegurarte que a diferencia de otras personas escuchaba ese instrumento desde que estaba en el vientre de mi madre, pues ya desde entonces mi padre, que fue ese señor catedrático fundador de la llamada Escuela cubana de guitarra, tocaba para mí melodías enternecedoras. Ya incorporado al mundo, continué escuchándola y quizás sea esa la razón por la que no sentía la menor inclinación hacia la guitarra cuando era un niño. Decidí no estudiarla y no lo hice nunca, pero de todos modos los Reyes Magos, personificados en mi padre, me dejaron una guitarra chiquitica cuando yo tenía siete años. Con ella, más bien por obligación que por voluntad propia,  aprendí a tocar cuatro o cinco acordes. Me los enseñó mi padre y también a tocar una ranchera, el corrido mexicano «Allá en el Rancho Grande». Poco después me enseñó un bolero de Agustín Lara, «Solamente una vez». Pero realmente no me apasionaba la guitarra y me desentendí de ella. Por aquellos años mis oídos eran mucho más receptivos a otros tipos de música que estaban de moda en aquel momento, como por ejemplo el rock and roll. Ya en etapa de la adolescencia fui cambiando de parecer con respecto a la guitarra: comencé a sacar de oído, con los pocos acordes que conocía de ella, piezas de rock and roll. A los 14 ó 15 años aproximadamente ya me sentía todo un maestro y comencé a componer mis primeras canciones. Algunas de ellas fueron hechas a cuatro manos, pues las creaba con ayuda de un amigo. Eran una especie de calipso, de baladas que también gozaban de popularidad. Después hice unas canciones al estilo de los maestros del filing. Pero no eran un filing puro y decidí retomar las baladas.  

En esa mezcla de estilos musicales anduve hasta mediados de los años 60 en que comencé a componer unas canciones, que aunque no eran menos raras que las anteriores ya estaban mucho más definidas. Trataban temas sobre la Revolución cubana, sobre la guerra en Vietnam. La rareza de estas canciones no estaba en la letra, sino más bien en la música que yo les ponía, la cual tomaba de cualquier parte, o de cualquier intérprete ya fuera cubano o extranjero. Así andaba dando tumbos de uno a otro estilo musical. Sin embargo, sí había definido algo muy importante: quería ser cantante y también compositor y no ingeniero como había pensado en los primeros años de mi vida, ni tampoco etnólogo como pretendía ser en aquellos momentos. En ello ejercieron gran influencia Haydée y AditaSantamaría, quienes me apoyaron en mi decisión por la música, haciéndome comprender que era lo que podía lograr de forma más inmediata gracias a mis modestas dotes como trovador y los conocimientos que poseía de música, mientras que a la Etnología llegaría a un plazo mucho más largo.  

Así que me quedé con la música y comencé a estudiarla seriamente cuando pasé a formar parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. En la fundación de este grupo, como en la del Movimiento de la Nueva Trova, creado algunos años después, tuvo mucho que ver Haydée Santamaría. Eso se ha dicho muchas veces, pero creo necesario reiterarlo. Fue ella quien nos alentó desde el principio, quien nos ofreció amparo y cobija en la institución que presidía: la Casa de las Américas. Fue ella también quien buscó una vía para encauzar aquel grupo de muchachos que cantaban y tocaban guitarra, quien nos ayudó a encontrar una filiación. Muchos ni la escuchaban, otros, en cambio, le ofrecieron apoyo. Entre estos últimos se encuentra Alfredo Guevara, presidente del Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficos (ICAIC) en quien también encontramos una gran ayuda. Aunque ni en el caso de ellos ni en el de otros que se pusieron de nuestro lado, encontramos jamás la menor complacencia. Nos ayudaron sí y mucho, pero siempre con rigor, con exigencia.     

Portada del disco "Cuba le canta a
la República Dominicana" con Noel
Nicola y Silvio Rodríguez


Se ha hablado con bastante reiteración acerca de los desaciertos que tuvo la Nueva Trova en sus comienzos. ¿A qué podrían achacarse esos tropiezos iniciales?  
Hay que empezar reconociendo que surgimos en un momento en que se estaba conformando la política cultural de nuestra Revolución. Fue ese período entre 1967 a 1972 que los literatos llamaron el quinquenio gris. Para nosotros, en cambio, fue el quinquenio de la luz porque con nuestra música contribuimos indiscutiblemente a esa configuración de lo que iba ser la política cultural de este país una vez alcanzado el triunfo revolucionario. Por eso nos miraban con ciertas ojerizas algunos funcionarios y también muchos artistas porque pensaron que constituíamos una amenaza para los valores establecidos. También éramos muy mal vistos por los medios de difusión. Por todos, especialmente por la televisión. En ella apenas nos programaban y ello se debía en buena medida a nuestra forma de vestir. Yo, por ejemplo, las escasas veces que salí por la televisión en esos primeros y difíciles años, o cantaba en un teatro, me presentaba con lo mejorcito que  tenía. No tenía otra ropa, pero aun teniéndola hubiera resultado ridículo usar un traje de lentejuelas, porque además de que no tenía nada que ver con lo que yo estaba cantando, fue siempre una línea nuestra vestirnos como el trabajador o el estudiante o como el jubilado mejor vestido que presenciaba nuestras actuaciones. Lo importante era que prevaleciera nuestra voz, nuestras canciones y no acaparar la atención de quienes nos observaban y aplaudían con un traje más o menos costoso; más o menos adornado. Por otro lado, lo nuevo tiene necesariamente que bregar y demostrar sus valores para imponerse. Tiene que abrir muchas puertas. Nuestro Movimiento era muy nuevo y muy revolucionario en esencia. Pero de todos modos, con todos esos tropiezos, con toda esa poca aceptación por parte de unos pocos, el pueblo, o sea la mayoría nos recibió con beneplácito. También nos acogieron los viejos trovadores y nos dieron una herencia haciéndonos todavía más cubanos. Eso era suficiente para sentirnos satisfechos. A eso aspirábamos y lo conseguimos desde nuestras primeras presentaciones públicas.  

Cuando se trata de ustedes, de aquel grupo de muchachos un tanto desorientados de los años sesenta se les identifica como Nueva Trova, mientras que a quienes los precedieron se les reconoce como Trova Tradicional. ¿Acaso son dos trovas o una solamente desde Pepe Sánchez, Matamoros, Compay Segundo hasta nuestros días? 
Se habla de la trova cubana que ha tenido distintas etapas. Pero en realidad es una sola trova que viene desde mediados del siglo XIX, con una figura representativa: Pepe Sánchez. Y no debe decirse en este sentido trova, sino canción trovadoresca y lo que ha ido cambiando son las maneras de trovar. Yo soy de los que afirmo que por la trova han pasado todos los momentos de cambio, todos los momentos evolutivos de lo que se ha cantado y canta en Cuba. 
Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Noel

En su intervención del día siete de octubre en el ISA, Silvio decía: «que nuestras canciones lucieran sin la más mínima vergüenza entre las otras artes…» ¿Consideras que esta aspiración se ha conseguido realmente? 
A menos que la gente nos mienta cuando nos escucha, cuando nos aplaude, cuando nos reconoce, que es esa su manera de expresar que si lo hemos logrado. Y eliminando cualquier vanidad yo también pienso que sí. Pero no fue una propuesta a priori. Nos fuimos enfrentando a nuestra propia creación en la medida en que la vida nos fue demostrando que había que tener un rigor ante lo que hacíamos para respetarnos y darnos a respetar. Como mismo hay que respetar a Sindo Garay, a José Antonio Méndez. Ellos no hicieron arte menor cuando se enfrentaron a la canción. Nosotros tampoco. 

¿Podrías ser calificado como un trovador popular? 
La música que yo hago es de raíz popular y además es intuitiva. Yo no compongo canciones clásicas. Cuando me siento a crear algo lo hago intuitivamente y me sale el cubano aunque no lo quiera. Eso sí lo hago con rigor, con exigencia. Y puede que en eso esté también mi popularidad. 

En lo personal, ¿qué representa el Diploma al Mérito Artístico? 
Sentí una alegría muy grande, aunque estaba muy nervioso porque no estoy acostumbrado a los homenajes. Mientras Fidel me lo entregaba, me dijo algo que yo considero muy lindo y que recordaré siempre: «hace mucho tiempo que sigo tu trabajo y creo que te mereces mucho este reconocimiento». Quise agradecerle sus palabras de alguna manera. Pero solo me salió un gesto indescriptible con el que pretendí expresarle que yo no creía haberme ganado nada. Ahora, más calmado, también lo considero así, porque nosotros, los que recibimos el Diploma en el ISA y los que lo recibirán después y también los que ya no están, nos preocupábamos más por hacer nuestra música que por cualquier otra cosa. Nuestra razón de ser era componer canciones y cantarlas fuera donde fuera. Con dos personas o con doscientas. Estábamos desdeñados de los medios de difusión y eso tampoco nos preocupaba. Pensábamos en nosotros, en nuestra música y no en un reconocimiento en el futuro. 

Sin embargo, Noel Nicola y junto a él todos los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova son merecedores, por sobradas razones y con creces, no solo del Diploma al Mérito Artístico, sino también del reconocimiento más justo e imperecedero: el de todo el pueblo cubano y los del mundo entero, que han vibrado con sus poesías convertidas en canciones por más de tres décadas.

Tomado de Trovacub 


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