febrero 06, 2012

Strike 3: Lo que me ha dejado esta semana (27 de enero 2012)

Reconozco que la publicación de este artículo en mi blog carece de inmediatez, pero como no soy periodista (y tampoco los periodistas de hoy son tan inmediatos) reproduzco íntegramente un tremendo escrito que llegó a mi correo gracias al amigo más grande que tengo (y es mucho decir). Por favor, que se pronuncie el autor, gracias a él. 
Mis socios de La Habana se sentaron por arriba de primera base. Foto: Rafael González Escalona/Cubadebate
-Viajo de La Habana a Matanzas con unos habaneros impertinentes, pero que son mis socios. Es martes. El camión demora dos horas. Se dice fácil, pero dos horas arriba de una tabla sin espaldar… bueno, cualquier cubano sabe lo que eso significa.

-Llegamos al Guanimar. El Guanimar, aunque tiene nombre de batey, es un hotel. Un edifico modesto que a nosotros nos vino de maravillas. Tiene vista al mar, una carpetera que te transfiere la tarjeta propia para alguna llamada por teléfono y, además, almuerzo con postre y cerveza dispensada.

-Ya en el Victoria de Girón, para el primer partido Industriales vs. Matanzas, mis socios de La Habana buscan la banda de primera. Yo, obviamente, la de tercera.

-Me quedo con varias cosas del encuentro. Con el partido 5×0, en la quinta entrada, ante un Matanzas inspiradísimo, cualquier equipo habría colgado las armas. Industriales no. Despacharon tres jonrones, empataron el partido y a la postre lo ganaron.

Me quedo con la entrega absoluta de Carlos Tabares, con el nuevo porte big leaguer de Rudy Reyes y con la conga y los negros rumberos que animan las gradas. Si hay una rumba que merezca tal nombre esa es sin dudas la de Matanzas.

-Me quedo con la súbita tensión de los últimas entradas, y con el magistral manejo del pitcheo por parte deVíctor Mesa en el séptimo inning. Bases llenas. Cero outs. Segundo, tercer y cuarto bate de Industriales. Estrategia: tres pitchers distintos. Resultado: escón. Lo cual demuestra que además de exaltado, Víctor Mesa es un excelente estratega.

-No me quedo, en cambio, con el corrido de las bases de los matanceros. Con el titubeo de Dunier Serrano y el imperdonable despiste de Ariel Sánchez. Ante cualquiera, estas cosas tienen su precio. Ante Industriales mucho más.

-Salgo del estadio, busco a mis socios habaneros. Ellos me buscan. Nos encontramos. Todos buscamos, a su vez, un transporte en qué regresar al Guanimar. Un hotel con nombre de batey pero en donde -repito- nos fue de maravillas y que queda en el otro extremo de la ciudad.

-Encontramos la guagua de la televisión cubana, que va, precisamente, hasta el hotel. La mitad, es decir, cerca de veinte asientos, están vacíos. Uno de mis socios conoce al editor, habla con él, el muchacho nos dice que no hay problemas. Subimos. El chofer nos manda a bajar. Bajamos. El jefe de la comitiva debe autorizarnos. Le decimos al jefe de la comitiva que somos estudiantes de periodismo y que vamos hasta donde ellos van y que sería bueno si pudiera tirarnos el cabo.

-El jefe de la comitiva, que es, quién lo duda, un sujeto importante, nos dice que eso no es así, que a ver, en qué llegamos al estadio. Yo pienso que a qué viene ahora esa pregunta, pero no se lo digo, sino que le respondo por nuestros medios. Vinimos dando tumbos por nuestra cuenta pero en este momento (son alrededor de la una de la mañana) precisamos de su ayuda.

-El jefe de la comitiva responde que tal cosa es complicada, pero yo y mis socios, que todavía queremos creerle, nos cercioramos de que no ha subido ni va a subir nadie más, de que casi toda la guagua sigue vacía, entonces, dócilmente, le pregunto que dónde radica la complicación.

-El tipo, ante nuestra insitencia, se exaspera y responde que la complicación la quita y la pone él. Si existe un ejemplo mayor de prepotencia, yo no lo conozco.

-De nuestra parte, quiero decir. Eso de molestar a los colegas del vidrio, a esa hora de la madrugada, no tiene perdón de Dios.

-Obviamente, llegamos al Guanimar como mismo nos fuimos. Por nuestros medios, que no son ningunos, sino el impredecible azar, y dando tumbos.

-Al segundo día, o sea, el miércoles en la noche, ni banda de tercera ni de primera. Intentamos sentarnos en el palco de la prensa pero tampoco nos dejan porque evidentemente una maldición nos persigue o porque parecemos muy irresponsables y poco capacitados para ejercer el periodismo que se practica en Cuba y entonces nos sentamos en los jardines, lejos de la gente del gremio.

-El gremio, qué palabra más pesada. Casi odiosa. Gremio el de los trabajadores portuarios, estibadores unidos por el sudor y el trabajo. Gremio el de Aracelio Iglesias, comunista y abakuá, muerto hace ya más de cincuenta años.

-Me quedo, de este segundo día, con el hit de Garlobo de emergente. Garlobo es, no lo escondo, uno de mis peloteros. Me quedo con la reacción de Matanzas en las postrimerías. Cualquier otro equipo de la provincia, que no fuera este, habría colgado las armas. Casi empatan el juego, pero aún les falta experiencia.

-Me quedo con el despliegue de Industriales. Que juega la pelota con una exactitud rayana en lo perfecto. Yo lo reconozco, sin rubor alguno. Lo único imperfecto es Correa con la mascota. Lo que ya de por sí es más que suficiente.

-La madrugada del miércoles la pasamos en Varadero, sin hacer nada, por supuesto, porque ni mis socios ni yo tenemos un centavo, pero fuimos hasta el borde la playa, tocamos la arena, alguien bebió su aguardiente y seguimos rumbo a la terminal.

-El baño de la terminal de Varadero es pulcro y agradable. El único baño de terminal en Cuba que no parece lo que es.

-Casi amaneciendo regresamos a La Habana. Me muero de sueño. Alrededor de las nueve de la mañana, llego a la beca de F y 3ra, y me tiro encima de mi colchón sin sábana.

-De noche, prendo la televisión y veo el partido. No hubo barrida, por suerte. Me quedo con el duelo Industriales vs. Matanzas en su conjunto. Una subserie que te hace pensar, con fuerza, en la salvación del beisbol cubano.

-Ya de noche, leo una páginas de un libro sin nombre y en el amanecer de hoy, 27 de enero, salgo a la calle. Varios muchachos de secundaria invaden la ciudad con su bullicio ilimitado.

- Leo un cartel: “Temblé una vez en la reja…” Carajo, esto tiene que ver con Martí. Hace unos día publicaron una exclente entrevista a Ercilio Vento donde el destacado espeléologo matancero (¿le gustará a Ercilio Vento la pelota?) afirma que luego de comparar, a través de fotos, 66 caracteres antropométricos en Martí y María Mantilla, halló entre ambos una compatibilidad del 74,3%.

-Aunque el tema se torna sumamente espinoso, a mí me parece que la carta escrita en Cabo Haitiano, en marzo de 1895 (aquella donde se dice: Yo voy sembrándote, por donde quiera que voy, para que te sea amiga la vida. Tú, cada vez que veas la noche oscura, o el sol nublado, piensa en mí”), solo puede ser escrita por un padre a una hija. Además de que solo la puede escribir un padre como Martí.

-¿Hay algo comparable con las cartas a María Mantilla? Sí, el Ismaelillo. Lo único no comparable es que a Martí no le llegó a gustar la pelota. Le gustó Whitman y Emerson, pero no el beisbol.

-Yo no dejo de pensar, sin embargo, que esas antorchas encendidas en su nombre, cada 27 de enero, se parecen a la luz inmensurable de un estadio. Y eso… cualquier cubano sabe lo que significa.

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