febrero 02, 2012

Sara…


(El escrito completo de mi madre)

Busco en mi archivo de audio digital y no la encuentro, parece que se esfumó su voz junto a su cuerpo. Es una grabación del 13 de agosto de 2010, una tarde en que ofrecería un concierto en el Pabellón Cuba, de la capital cubana, y yo llegué hasta allí junto a Carilda Oliver Labra, que ese día recibió el Premio de Juventudes que otorga la Asociación Hermanos Saiz.
En aquella oportunidad Sara González accedió a conversar brevemente conmigo sobre la trova, los jóvenes y la “química” que lograba en su habitual Peña El Jardín de la Gorda
Por más que la busco, no encuentro en este condenado ordenador la ruta del archivo donde guardé aquellas declaraciones, su voz límpida y la sonrisa, poco antes de salir a cantar, a compartir con la gente que la aguardaba allí, en aquella tarde emblemática de agosto.
La vi por primera vez en vivo, en un escenario hace mucho tiempo, cuando aún se acompañaba del grupo Guaicán, con el amigo Pepe Ordaz. Los que crecimos aprehendiendo la música inteligente de la nueva trova, esa que Silvio escribe con minúscula y que comparto, aunque la echaremos de menos, volveremos una y otra vez a escucharla.
La recuerdo en Playa Girón, “en el canto y llanto de la gloria”, “de luces se llenó el cielo, de esta tierra insurrecta”, o a capella con el tema inmortal de Eduardo Ramos, Su nombre es pueblo, con el puño en alto y un brillo extraño en sus ojos.
Sara estaba allí en 1967 cuando Silvio cantó, y Pablo y Noel y Vicente.  Sara integró el Grupo de Experimentación Sonora, Sara cantó a Cuba sin claudicar.Y seguirá cantando, aunque ahora mismo se me haga un nudo en la garganta, porque mi hijo, trovador, me llama por teléfono desdeLa Habana y me dice: “llegaré más tarde mañana, voy al Instituto de la Música, en el Vedado, voy a decir adiós a Sara…”
Y la veo, empapada en sudor, sentada en una silla, en agosto, cantando “aunque yo viva sembrando para ti…” y no encuentro su voz que guardé en mi archivo.

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