febrero 02, 2012

La ceremonia “privada” de Sara

En la noche, de regreso a mi ciudad (Matanzas) después de acompañar el espíritu de Sara Gonzáles en la sede del Instituto Cubano de la Música en La Habana, escuché en el “Noticiero Estelar de la Televisión” la noticia de lo acontecido.
Todo es distinto a través de un cristal… es impresionante el sentir concentrado entre tantos amigos, Sara estaba allí: cantando como la primera, sentada en su acostumbrada banqueta (que utilizó el 25 de diciembre de 2011 en su “Jardín de la Gorda”), regañando a los que lloran en las esquinas e invitando a Marta Campos a cantar juntas.
El periodista encargado del reportaje televisivo recordó la Sara patriota, asombrosamente feliz y desenfadada con el público, la trovadora e intérprete… y en aquel instituto, a través de un documental,  Noel (que también estaba) agradeció a la voz que cantaba su obra “como nadie más”, y Silvio recordó cuando no la querían en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC…
Pero el periodista no dijo eso, terminó diciendo que: “tal como Sara pidió sus cenizas serán echadas a la costa habanera en una ceremonia privada
Que tan en desacuerdo estoy: todos los buenos corazones de América estarán en ese malecón para darle la bienvenida a Sara a la inmortalidad.    

1 comentario:

  1. Efectivamente, Rey, todos los corazones estarán presentes, todas las voces a las que dio voz, todos los brazos que entrelazó harán buena esa siembra para que resurja amanecida, lozana, pletórica de pasión, y nunca saciada con el servicio. ¡Cuánto no habrán de fundar todavía las canciones! ¡Cuánto no funda la muerte con su impecable función...!

    En quienes toman la bandera y en quienes sangran (único modo de tomarla verdaderamente) canta Sara, esa Sara de nombre que estalla como sus cantos, donde siempre parecía quebrársele la voz, para dar al cabo, su nota más comprometida: el telúrico grito de la melodía de la redención humana, el testimonio alegre y salvador del pueblo.

    ¡Ah, Sara! ¡Como te seremos fiel, como infundiremos en nuestros caminos tu sed, tu ansia, tu libre esperanza! Hemos llorado, Sara. Ya sé, ya sé... no lo toleras, eres de la legión de Mariana, pero: ¿acaso no acendra el llanto la convicción? ¿Acaso no empieza a asomarse en él la utilidad martiana de la muerte y la virtud? Tú lo sientes Sara, porque eres torrencial y porque adivinas el propósito siempre en pugna de refundar, y lo sabes ya, encarnación en tus mejores discípulos.

    Defendemos tu sentido de la vida, y tu advocación nos llevará al bicentenario de Martí, al centenario de la Revolución Cubana y al de la Nueva Trova. Entonces, al abrazar a los hermanos que en cada etapa se juntan para luchar y crear (¡vaya redundancia!), en gesto inconfundible de renovación del espíritu, pensaré que soy digno de morir como tú, si, y solo si, descubro en la recia obra de amor que ayudas a forjar, alguna conexión entre la semilla robustecida y el cauce de mi sudor.

    Hasta siempre Sara, que es siempre: ¡Hasta la victoria, la cultura y la vida!

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