enero 24, 2012

El momento del agua: del ensueño a la realidad

Por Mayra Pombo García

A propósito de la presentación del libro El momento del agua.
Papeles de civismo», de la ensayista y profesora de la Universidad de la Habana, Doctora en Ciencias filosóficas, Teresa Díaz Canals, Cubanow obtuvo declaraciones de la escritora.
En esa obra, abarcadora de una realidad social cubana más allá de lo
superficial y lejos de mostrarse concluyente en sus reflexiones, la autora invita al análisis.

¿Por qué El momento del agua?
El título del libro resume en pocas palabras, en sentido
metafórico, todo el espíritu de esta pequeña obra. ¿Qué quise decir con ese momento del agua para nuestro país? Hay un texto de un pensador francés que es Gaston Bachelard denominado El agua y los sueños. Es aquí donde el matemático y filósofo se dedica a explicar exhaustivamente qué significa desde el punto de vista espiritual ese líquido que usamos sin reflexionar sobre su valor de ensoñación. En uno de los ensayos que denomino El momento del agua y que le da nombre a todo el libro quiero expresar la necesidad de
poner punto final al odio en esta Isla, a dialogar sobre lo que nos está
pasando, a sentir verdaderamente ese mensaje martiano que cataloga de criminales  a los que promueven el rencor entre todos los  cubanos. Siento que ya se dan pasos hacia ese objetivo, lentos pero los hay.

 ¿Cómo han influido en sus pensamientos Fina García Marruz, José Martí, Lezama a quienes cita constantemente en su libro?
Pienso que si es un libro dedicado a la eticidad en Cuba, a la
convivencia entre los ciudadanos y ciudadanas de este país, José Martí es presencia obligada. Un estudio sobre la conducta cívica de nuestra nación nos conduce inevitablemente al amor martiano. En este último semestre de docencia sobre pensamiento sociológico cubano, cuando mencioné lo social en
José Martí, observé a una estudiante que hacía un ademán de cansancio, estaba parece saturada de tanto discurso uniforme sobre lo mismo. Sin embargo, con Fina García Marruz, Cintio Vitier, José Lezama Lima y algunos autores más, hay un desbordamiento de lo cubano esencial a través de Martí que no llega a las aulas y si no llega a la escuela es un motivo de preocupación. Con ellos estoy segura de un creciente asombro del conocimiento, porque el amor aquí se vuelve principio, medio y fin, que es precisamente lo que estamos urgidos de expandir. Es Fina quien nos recuerda
esas palabras martianas: Por el amor se ve. Con el amor se ve. El amor es quien ve.

 ¿Qué significó para Ud. Dulce María Loynaz?
Te confieso que Dulce María Loynaz llegó tarde a mi vida. Bueno,
cuando joven nunca supe de su existencia. A mi generación no le mencionaron a esta poetisa y si lo hicieron fue de una manera tan parca que no lo recuerdo. Mi procedencia no es de una familia de intelectuales.  Es increíble pero fue mi hijo quien influyó en mí, porque él tiene madera de poeta. Un día me trajo a la casa una antología de su poesía, después leí
mucho más sobre ella y descubrí toda la filosofía que encierra la imagen poética. No hay nada más parecido a un filósofo – decía Unamuno – que un poeta. El amigo y colega Carlos Delgado tiene un grupo interdisciplinario del cual formo parte con mucho orgullo. Algún día los científicos sociales reconoceremos todos, algo fundamental que ya Vitier y Lezama habían demostrado: la imagen poética es una forma de conocimiento significativa para los científicos, porque la metáfora puede producir también algo
perdurable, seminal, alejada de los esquemas y el discurso de ladrillo. Con esto no quiero decir para nada que toda la ciencia tiene que inclinarse a este estilo, solo es una cuestión de estilo de comunicación.

¿A quiénes va dirigido y qué resultados espera de dicha lectura?
La primera parte de esa pregunta es para alguien que se dedique a
la palabra desde el punto de vista profesional y no soy una escritora en el sentido clásico. Muchas de las cosas que he escrito salen de vivencias y reflexiones acerca de lo que leo y vivo pero con un sentido de trabajo. La Universidad de La Habana tuvo que ver mucho con esto, pues cuando entré a esta institución - hace ya muchos años - me advirtieron: una parte del salario es por dar clases, otra por investigar. Como resultado de ello otra de las exigencias al profesorado es el de tener publicaciones. En ese
ejercicio de cumplir me fui ejercitando, hasta que llegó la hora de elaborar mi tesis doctoral. Ahí empezó todo, sentí que la eliminación del pasado soviético en las ciencias sociales y la confluencia de una nueva etapa de vida con la crisis de los noventa, pues influyeron para repensar la forma de
trabajar y fui descubriendo toda la riqueza inmensa del pensamiento cubano.
No pienso que nadie que publique algo tenga planificado los resultados, porque un libro tiene tantas interpretaciones como lectores. Lo que espero
es que llegue a algunos de mis estudiantes. Hay cosas en la vida de las personas que llegan solas, toda vida se salva en lo que menos sospecha.


En su libro destaca la importancia de la formación de grupos de
estudios de género en la Universidad de la Habana ¿qué opinión le merece este suceso y cómo desde el mismo se analiza la situación cívica cubana?
Existen algunos grupos de estudios de género en la institución a la que pertenezco, allí esta también la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana que tiene un importante papel al tener una Maestría en esta especialidad que ya cuenta con varias ediciones y un Encuentro Internacional de Mujeres que se realiza cada dos años, en mi Departamento de Sociología existe un colectivo de estudios de género y en mi caso integro un Grupo de estudios de Salud y Familia dirigido por Reina Fleitas Ruíz, tenemos mucha tela por donde cortar. En el libro intento hacer un resumen de las instituciones que se dedican a esta importante tarea en todo el país. En ese grupo de la profesora Reina, ahora tengo la tarea de desarrollar un estudio desde la dimensión ética  de la familia cubana. Me imagino que de esa experiencia nazca un próximo libro.

Ecofeminismo, realidad social cubana y ética del cuidado ¿cómo entiende y qué importancia le da a la relación entre estos tres elementos? 
Esta pregunta de la vinculación entre el ecofeminismo, la realidad cubana y la ética del cuidado es imposible de contestar en una respuesta como de pasada. Lo que pasa es que cada uno de los campos que interrogas tienen puntos fuertes de contacto y precisamente se tocan en lo universal. Mientras más reafirmemos nuestra cubanía más universales nos tornamos. Es imposible una ética del futuro en la realidad cubana sino incluimos en la actualidad un pensamiento recreado también en lo feminismo. Debemos ir hacia una ética del cuidado que sea una tarea no solo de mujeres, sino una labor humana y que integre a todas las especies. Por eso la bioética es una nueva ética, es una auténtica praxis de la diferencia. 

¿Podemos hablar de feminismo en Cuba? 
Claro que podemos hablar de feminismo en Cuba, desde el siglo XIX tenemos mujeres que hicieron mucho por la conquista de sus derechos y de hecho se ubicaron en un espacio público protagónico. Las precursoras fueron Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ana Betancourt, cubanas que integraron filas en las maniguas y se opusieron al encadenamiento español Las guerras independentistas, la conquista de la libertad en Cuba no fue una cuestión de hombres, fueron las familias criollas quienes la lograron. Las tertulias decimonónicas que se hacían en las casas como consecuencia de la fuerte censura, contribuyen a conformar nuestra cultura nacional. En el siglo XX tenemos una lucha tremenda por alcanzar el derecho al voto logrado en 1934. 
Antes se conquistó la ley del divorcio y la de la patria potestad. Se celebraron congresos de mujeres y fue una feminista – Dulce María Borrero - quien le cedió su palabra a Rubén Martínez Villena en el suceso que se conoce como el Despertar de la Conciencia Nacional en 1923. El feminismo sigue su curso ahora en otras condiciones, en otras circunstancias, con otros retos y otras perspectivas.



 

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