septiembre 19, 2011

A la memoria de Lydia Cabrera

El 19 de septiembre de 1991 falleció Lydia Cabrera, escritora cubana cuyos relatos abordan temas referidos al origen del universo africano, animales personificados, los dioses africanos, las plantas y animales y su destino en la vida. Los cuentos de esta autora cubana los sustenta una increíble investigación antropológica de las costumbres y forma de vida de los negros en Cuba.
Entre otras publicaciones y cuentos, Lydia Cabrera reúne:
1. Refranes de negros viejos
2. Anagó, vocabulario lucumí (el yoruba que se habla en Cuba) (Pról. de Roger Bastide). 1957
3. La sociedad secreta Abakuá, narrada por viejos adeptos. 1959
4. Otán Iyebiyé, las piedras preciosas.
5. Ayapá: Cuentos de Jicotea
6. La laguna sagrada de los Nanigos. 1988
7. Los Animales en el folklore y la Magia de Cuba. 1988
8. La laguna sagrada de San Joaquín. 1993
9. Yemayá y Ochún
10. Anaforuana: ritual y símbolos de la iniciación en la sociedad secreta Abakuá
11. Francisco y Francisca: chascarrillos de negros viejos
12. Itinerarios del Insomnio: Trinidad de Cuba
13. Reglas de Congo: Palo Monte Mayombe
14. Koeko iyawó, aprende novicia: pequeño tratado de regla lucumí. 1996
15. Cuentos para adultos, niños y retrasados mentales. 1996
16. La medicina popular en Cuba: Médicos de Antaño, Curanderos. 1996.
17. La Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje
18. Páginas Sueltas
En los cuentos de Lydia Cabrera el hombre se confunde con el material universal; lo vegetal y lo animal, se manejan siempre en un mundo mágico donde se pierden las fronteras de lo imaginario convencional en la sociedad occidental. En fábulas como “Cuentos negros de Cuba” y “Ayapá: Cuentos de Jicotea”, son protagonistas las aguas y la manigua, los vientos, los caminos, los animales y los hombres y mujeres de Cuba: un universo poblado de misterios, litúrgico y negro.
Aquí, uno de sus cuentos...

Ya se plantaban las cañas dulces; ya estaban los trapiches, las vegas y cafetales; pero de esto hace mucho, mucho tiempo -- ¿quién se acuerda, si ya no van quedando negros viejos para contarlo ni quien lo quiera oír? -- se cerraron misteriosamente, se borraron todos los caminos de Cuba. Y es que nadie, impunemente, por una causa incomprensible, podía transitar por ellos.
Aquellos que cruzaban las lindes de sus fincas, los que se alejaban de sus pueblos, dejaban atrás sus caseríos o su bohío solitario, no retornaban nunca.
Toda comunicación entre los habitantes del país, aún entre aledaños, se hizo impracticable. Cada cual vivía cautivo en su lugar. Viajar era morir. El terror a Ikú, apostada al comienzo de las rutas desvanecidas, la Ikú aguardando en todas direcciones, hizo de cada pueblo, de cada hacienda, de cada sitio, de cada casa, rica o pobre, un mundo aparte y cerrado; cárceles, cuyas murallas invisibles, murallas de aire, transparentes como la luz del día, sin embargo, eran infranqueables...
De un extremo a otro de la isla, la vida quedó estancada. Y todos los hombres se apesadumbraron; sin grillos, sin azotes, sin mayoral, los blancos, mirando al horizonte, se sintieron esclavos; los que eran costeños y vivían tierra adentro, lloraban si el viento hacía cantar los árboles como cantan las olas; y los que estaban junto al mar y eran de tierra adentro, tampoco podían contener ahora sus sollozos cuando oían cantar al mar con la voz de sus bosques; por el mar moría el hombre de los montes y de las sierras; el hombre del mar moría por la tierra inaccesible.
Al huir y borrarse los caminos, desaparecieron también los anhelos, los sueños, las esperanzas; los corazones se enmustiaron y se enfermaba de tristeza, de aburrimiento, de nostalgia. Pero muchos hombres valerosos, espíritus demasiado inquietos para soportar la pesadumbre de aquel extraño cautiverio, éstos que en todo tiempo preferían el infortunio a una felicidad monótona, se marchaban de sus predios fingiendo que tomaban por patarata -- historia de Cocos y Moringa, buenas para amedrentar sólo a los niños --, la evidencia de un peligro desconocido, pero al que a poco de andar por la tierra sin caminos, sucumbía el viajero.
Ya era hora -- decían-- de rebelarse contra aquel destino; hora de vencer el miedo, de vencer la muerte, derribando las angustiosas barreras transparentes.
De éstos no retornó ni uno...

1 comentario:

  1. Que bien recordar a esta intelectual, autora, además del libro El Monte, rigurosa investigación de las culturas ancestrales traídas a Cuba por los negros esclavos de Africa. A propósito del Año de los Afrodescendientes. Nuestro mayor dijo: "Honrar, honra"
    Gracias Rey, seguramente muchas personas no recuerdan o conocen que hoy hace 20 años dejo de existir una defensora de las raíces portadoras de la nacionalidad cubana

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