septiembre 26, 2011

Y digo...

La Internet nos resultó inverosímil, y existe; queda preguntarnos, ¿la paz también será posible alguna vez?
Los hombres no son tan inteligentes, han logrado pisar la Luna, desafiar las distancias, pero no logran estar tranquilos entre ellos. No quiero la Internet, prefiero andar descalzo en bohíos, con la transparencia espiritual de un niño.

septiembre 22, 2011

A la larga: fiasco.

Un amigo universitario en cierta ocasión, intervino a mi nombre en un evento estudiantil; la ponencia obtuvo premios y los dos caminamos por la “alfombra roja”. Me quise despojar de todo mérito, pero alargó los brazos al decir: “Tú hubieras hecho lo mismo por mí”
La vida da vueltas.
Hace dos años que no veía a mi filántropo, hoy lo encontré en los muros de mi Universidad y quise estrecharlo en un abrazo pero me negó los lazos con un menudo choque de manos. Siempre vestía de camisas, con un sombrerito calado (igual que yo), hoy vestía de oscuro, o al menos así lo percibí yo.
Después de un encuentro con profesores de mi especialidad, corrí expectante (todavía) a despedir al susodicho, y a pesar de los llamados, solo volteó la cabeza cuando nos perdimos de vista.
Él vive en Miami y visita La Habana, cuando lo perdí de vista la primera vez se despidió llorando... me apena que olvide los amigos.
Los dos estudiábamos Sociología, y aquella ponencia se basaba en la aplicación de la técnica de entrevista en profundidad a una muestra representativa de sujetos, que habían regresado definitivamente a Cuba después de emigrar a los Estados Unidos... el título del trabajo lo sugirió él: “La infelicidad de marchar. Un estudio de casos”

septiembre 19, 2011

A la memoria de Lydia Cabrera

El 19 de septiembre de 1991 falleció Lydia Cabrera, escritora cubana cuyos relatos abordan temas referidos al origen del universo africano, animales personificados, los dioses africanos, las plantas y animales y su destino en la vida. Los cuentos de esta autora cubana los sustenta una increíble investigación antropológica de las costumbres y forma de vida de los negros en Cuba.
Entre otras publicaciones y cuentos, Lydia Cabrera reúne:
1. Refranes de negros viejos
2. Anagó, vocabulario lucumí (el yoruba que se habla en Cuba) (Pról. de Roger Bastide). 1957
3. La sociedad secreta Abakuá, narrada por viejos adeptos. 1959
4. Otán Iyebiyé, las piedras preciosas.
5. Ayapá: Cuentos de Jicotea
6. La laguna sagrada de los Nanigos. 1988
7. Los Animales en el folklore y la Magia de Cuba. 1988
8. La laguna sagrada de San Joaquín. 1993
9. Yemayá y Ochún
10. Anaforuana: ritual y símbolos de la iniciación en la sociedad secreta Abakuá
11. Francisco y Francisca: chascarrillos de negros viejos
12. Itinerarios del Insomnio: Trinidad de Cuba
13. Reglas de Congo: Palo Monte Mayombe
14. Koeko iyawó, aprende novicia: pequeño tratado de regla lucumí. 1996
15. Cuentos para adultos, niños y retrasados mentales. 1996
16. La medicina popular en Cuba: Médicos de Antaño, Curanderos. 1996.
17. La Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje
18. Páginas Sueltas
En los cuentos de Lydia Cabrera el hombre se confunde con el material universal; lo vegetal y lo animal, se manejan siempre en un mundo mágico donde se pierden las fronteras de lo imaginario convencional en la sociedad occidental. En fábulas como “Cuentos negros de Cuba” y “Ayapá: Cuentos de Jicotea”, son protagonistas las aguas y la manigua, los vientos, los caminos, los animales y los hombres y mujeres de Cuba: un universo poblado de misterios, litúrgico y negro.
Aquí, uno de sus cuentos...

Ya se plantaban las cañas dulces; ya estaban los trapiches, las vegas y cafetales; pero de esto hace mucho, mucho tiempo -- ¿quién se acuerda, si ya no van quedando negros viejos para contarlo ni quien lo quiera oír? -- se cerraron misteriosamente, se borraron todos los caminos de Cuba. Y es que nadie, impunemente, por una causa incomprensible, podía transitar por ellos.
Aquellos que cruzaban las lindes de sus fincas, los que se alejaban de sus pueblos, dejaban atrás sus caseríos o su bohío solitario, no retornaban nunca.
Toda comunicación entre los habitantes del país, aún entre aledaños, se hizo impracticable. Cada cual vivía cautivo en su lugar. Viajar era morir. El terror a Ikú, apostada al comienzo de las rutas desvanecidas, la Ikú aguardando en todas direcciones, hizo de cada pueblo, de cada hacienda, de cada sitio, de cada casa, rica o pobre, un mundo aparte y cerrado; cárceles, cuyas murallas invisibles, murallas de aire, transparentes como la luz del día, sin embargo, eran infranqueables...
De un extremo a otro de la isla, la vida quedó estancada. Y todos los hombres se apesadumbraron; sin grillos, sin azotes, sin mayoral, los blancos, mirando al horizonte, se sintieron esclavos; los que eran costeños y vivían tierra adentro, lloraban si el viento hacía cantar los árboles como cantan las olas; y los que estaban junto al mar y eran de tierra adentro, tampoco podían contener ahora sus sollozos cuando oían cantar al mar con la voz de sus bosques; por el mar moría el hombre de los montes y de las sierras; el hombre del mar moría por la tierra inaccesible.
Al huir y borrarse los caminos, desaparecieron también los anhelos, los sueños, las esperanzas; los corazones se enmustiaron y se enfermaba de tristeza, de aburrimiento, de nostalgia. Pero muchos hombres valerosos, espíritus demasiado inquietos para soportar la pesadumbre de aquel extraño cautiverio, éstos que en todo tiempo preferían el infortunio a una felicidad monótona, se marchaban de sus predios fingiendo que tomaban por patarata -- historia de Cocos y Moringa, buenas para amedrentar sólo a los niños --, la evidencia de un peligro desconocido, pero al que a poco de andar por la tierra sin caminos, sucumbía el viajero.
Ya era hora -- decían-- de rebelarse contra aquel destino; hora de vencer el miedo, de vencer la muerte, derribando las angustiosas barreras transparentes.
De éstos no retornó ni uno...

septiembre 16, 2011

Los que sueñan de verdad...

“Yo quiero una princesa convertida en un dragón, quiero el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón. Yo quiero un vellocino de oro para un reino, yo quiero que Virgilio me lleve al infierno, yo quiero ir hasta el cielo en un frijol sembrado, y ya.”
Silvio Rodríguez

“¿Qué cara quieres que le ponga a la verdad, la de martillo, yunque o bala? ¿o la de las mariposas de la luz quemándome las alas?” Noel Nicola

“¿Qué paga este sudor, el tiempo que se va?
¿Qué tiempo están pagando? – el de sus vidas.
¿Qué vida están sangrando por la herida
de virar esta tierra de una vez?”
Pablo Milanés

“Que quede ante mí toda la muerte que no haya podido atar con mis manos... que no haya canciones ni duelo, ni adiós... que nadie se calle todo lo que fui, lo hermoso y lo triste que tengan que decir...” Vicente Feliú

“Yo tengo un amigo de nítida fe, que quiere tener su morada en el Sol, aún siendo locura no lo aconsejé, quizás al contrario me vaya con él... a fundar” Raúl Torres

septiembre 14, 2011

Bitácora del capitán: Honduras – Venezuela – Estados Unidos.

Uno de los defectos del hombre moderno es la incomprensión al otro.

Como comparto en la Universidad con estudiantes extranjeros, aprovecho para conocer otras culturas. En mi quinto curso de Sociología en la Universidad de La Habana, coincidimos, un hondureño (indio, que siembre viste de rojo); un colombiano – venezolano (un contemporáneo de muy pequeña estatura, pero tan caballeroso como Martí); una estudiante de Jamaica (muy pocas veces escucho su voz); y tres norteamericanos (que se les llama, estudiantes de intercambio)... por supuesto la nómina la completamos 23 cubanos.
Somos realmente felices, como jóvenes... críticos, y con la vista fresca. Quizás en esos aspectos generales, es donde más diferimos con los estudiantes extranjeros:
1. Al hondureño todo le parece bien, a penas se expresa y con bastante temor. A estas alturas de cursos ya se acostumbró a nuestra idiosincrasia y participa en nuestras reuniones mensuales de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) para lidiar con algún profesor intolerante o para preparar los Festivales de Cultura, los Juegos Deportivos Universitarios y/o las Jornadas Científicas.
2. El colombiano – venezolano siempre tuvo miedo de salir de noche, no entendía nuestras madrugadas en el malecón... ya se acostumbró, y a veces amanece solo... o bien acompañado, pero no en grupo. Dice que no entiende al cubano que protesta: “Uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierda”.
3. Y los norteamericanos ya hablan español a la perfección, y no quieren graduarse.
De algo aprendimos a hablar, de política.
El hondureño estuvo una semana sin asistir a clases con los acontecimientos de Zelaya.
El colombiano – venezolano, solo viaja a Venezuela, porque se siente “casi” como en Cuba.
Los norteamericanos dicen ser Demócratas, pero “no de los de ahora”. No entienden el BLOQUEO, dicen que parece un método de “salvajes obsesionados”. Conocieron la historia de los cinco jóvenes cubanos que Estados Unidos encarceló con juicio arreglado...
Aunque las culturas no son las mismas, todos compartimos y nos entendemos, ¿eso no basta?
Cuando viaje a esos países, tendré amigos que visitar, y sabré comportarme como un autentico hondureño, venezolano o norteamericano – CUBANO.

septiembre 13, 2011

Para un test de inteligencia.

Cuando le preguntaron a un sabio de que lado estaba, este dijo: Del tercero, de esos que no creen en bandos.
Cuando le preguntaron, ¿Es usted religioso?: Yo creo en todos los santos, porque de algún modo gracias a ellos el ser humando tiene fe.
Y finalmente, ¿Se considera inteligente?: En absoluto, soy mortal…
Entonces los del jurado escribieron: La inteligencia humana no existe.

septiembre 09, 2011

Yo digo el hombre

Si la ciencia no responde, ¿quién es culpable?
Si el camino se termina, ¿quién lo abre?
Fue Dios quien empezó ¿quién lo termina?
Hay testigos y jueces ¿quién incrimina?

El afán por responder queda en pañales,
los que brinden soluciones, son criminales.

Valgo poco para el puesto, ¿quien lo decide?
El error no lleva H, ¿quien lo prohíbe?
El cantor se multiplica, ¿quien lo promueve?
El dolor es tu escopeta, ¿quien la detiene?

El afán por responder no sobrevive,
hubo falta de interés hoy no se pide.

Decía mi abuelo Santo que era un Dios quien decidía,
era todo un buen cristiano, con voluntad, y fe divina;
pero también aprendí, que con las manos se construye
y si el camino es cerrado no se destruye.

Aprendí a abrir senderos y a criticar desde la ciencia,
a ponerle H al error y borrarla con paciencia.
Tuve falta de interés pero la sellan los libros,
conocer que ayer a otros les pasó lo mismo.

Ya mi abuelo está en el cielo, pero queda lo que construyó;
y ahora para restaurarlo estamos usted y yo.

Si la ciencia no responde, yo digo el hombre.
Si el camino se termina, yo digo el hombre.
Fue Dios quien empezó, yo digo el hombre.
Hay testigos y jueces, yo digo el hombre.
Valgo poco para el puesto, yo digo el hombre.
El error no lleva H, yo digo el hombre.
El cantor se multiplica, yo digo el hombre.
El dolor es tu escopeta, yo digo el hombre.

una canción del 2010

septiembre 08, 2011

“Pobre del cantor...”

Fui un niño soñador: jugaba a los soldaditos y sus escopetas eran guitarras o pianos o micrófonos. El cajón de madera donde mi abuelo guardaba mis tesoros de aquella casa campestre, era el escenario para los grandes espectáculos donde mis pequeños amigos de verde olivo imitaban a Silvio, Pablo, Noel, Sara, Vicente, Amaury, Sabina y Serrat. Todavía no hacía canciones; en esos tiempos de inocencia prematura (porque la inocencia crece con el hombre y la mujer) tocaba claves y maracas con un trío de buenos músicos que dirigía mi papá.
El primer acorde que aprendí en la guitarra fue SOL MAYOR, con el que empieza “La gota de rocío” de Silvio, y “Yolanda” de Pablo.
Cuando en el preuniversitario preguntaban ¿quién es el mejor?, (porque esa cuestión está presente desde el inicio mismo del Movimiento de la Nueva Trova) nunca tuve la respuesta sentada en un columpio, hay comparaciones absurdas, y esa lo ERA.
Conocí a Silvio y a Pablo personalmente, en ocasiones distintas en este mismo siglo, durante un mismo año, y la emoción de aquellos segundos es inaludidle.
Por estos días de misivas electrónicas y respuestas a terceros, no he rasgado la guitarra, aunque quiero hacerlo más que nunca. Me da pena el ser humano, cuántas veces se equivoca y destruye los sueños de otros... leer y releer las declaraciones de Pablo, las notas de Silvio, las respuestas de Pablo... me hacen sentir como un hijo inválido. Aunque la realidad se exponga fiel, no hay manera de que pueda ser objetivo, no la quiero creer.
Algo si sé: el trovador es guerrero, humilde de la palabra, anti – mediático, fiel a su guitarra y su gente, a sus CANCIONES... tiene que haber un error, o los mensajes inmoderados de Pablo son bromas de mal gusto...
O crecí creyendo trovador a quien no lo era.