mayo 03, 2011

El sitio para ser feliz

La pregunta se repite, ¿dónde buscar la felicidad?..., y si realmente existe probabilidad de encontrarla. Todos coinciden en que la felicidad constituye la idea suprema del hombre. Cada individuo actúa con el propósito claro de llegar a ese punto de éxtasis, sobre cómo hacerlo, científicos especulan y formulan teorías que lejos de acercarnos a la intención ubican al hombre en polos contradictorios, y la interrogante se torna un conflicto.
El concepto práctico de “felicidad” varía en los individuos en cuanto a sexo, raza, edad, preferencias, y ésta condicionada, además, por las circunstancias externas, sin ser esas definitorias. Sería descabellado plantear un momento donde pudiéramos encontrar la felicidad, porque incluiríamos todas las actividades y formas de vida del ser humano. Si generalizamos la pregunta ¿qué es la felicidad?, obviaríamos las particularidades de cada persona, y esas son fundamentales para definir cuando se es feliz o no.
Según la pirámide de necesidades de Maslow, la felicidad es semejante a la Autorrealización, y se logra, escalonadamente, teniendo como base la Fisiología (respiración, descanso, sexo, etc.); la Seguridad (implica la seguridad familiar, en el centro de trabajo); la Afiliación (la amistad, la pareja); el Reconocimiento (la aceptación en la sociedad) y finalmente llegamos a la cumbre piramidal sin prejuicios y aceptando la realidad de nuestra vida. Analizando paso a paso la gráfica muchos se identifican en ella, y a la vez se preguntarán: ¿por qué aún, no somos felices?
Desde un enfoque religioso, podríamos justificar nuestra infelicidad, si partimos que solo alcanzaremos el embeleso uniéndonos a Dios, y definimos felicidad como la obtención definitiva de la plenitud y el estado de satisfacción de todo tipo de necesidades, alcanzable sólo en ese grado después de la muerte.
Aristóteles está de acuerdo en llamar “felicidad” a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero es difícil definirla y describirla. De ahí se aprecia la divergencia de opiniones respecto a cómo entender la felicidad; placer para algunos; honores, para otros; riqueza, de acuerdo a otros puntos de vista. Sin embargo, para Aristóteles, estos son solo bienes externos, que ayudan al hombre a acercarse a la felicidad, ella con características propias, se basa en sí misma para ser perfecta. La felicidad no se alcanza por el placer, la riqueza ni el honor, pudieran ser el medio, pero nunca el fin.
Según la Teoría de la Felicidad Cuantizada, todos los individuos son igual de felices y al final de sus vidas todos habrán vivido una cierta cantidad de felicidad que se compensará con su propia infelicidad vivida lográndose como resultado un balance total neutro en cada uno de los seres (balance de felicidad a la hora de nuestra muerte = 0).
El hombre seguirá tratando de encontrar la manera de llegar a la cima piramidal, y hasta entonces la pregunta tiene su respuesta… en –ningún- cualquier lugar.

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